La vida puede ser maravillosa

La vida puede convertirse en una lenta y perra agonía, por mucho que lo hayas sido todo en cualquier disciplina de la ciencia, la cultura o el deporte. La vida puede convertirse en un puto barrizal por el que te arrastras, sin más pretensión que la de sacar la cabeza de la mierda para meterla en el agujero del absurdo. Así debe sentirse nuestro querido Fernando Romay, singular tío donde los haya, que pasea su enorme talla por los platós más denigrantes de la televisión nacional. Alguien que se colgó la medalla de plata del pecho en unas olimpiadas intenta hoy que un niño de 8 años no le corrija una suma simple mientras mira a la cámara sumido en la vergüenza y el estupor. Si a todo esto le sumamos que los presentadores del engendro, que quiere pasar por programa de TV, son el ídolo de marujas Antonio Hidalgo y el fundecerebros de Punset, la experiencia para nuestro amado Romay tiene que ser similar a que te metan la canasta por el culo. Qué triste final para alguien que tiene la Copa Korac en su casa. Qué usurero el medio que cantó sus logros deportivos allende los mares y ahora ensalza sus carencias intelectuales a precio de saldo para regocijo de un país desagradecido y olvidadizo. La desgracia se cierne sobre los que nos lo dieron todo para lograr que saltásemos en nuestras casas con furor y pasión cuando la pelotita entraba, o cuando subían el Tourmalet. ¿Quién no acaba en malos vicios cuando tiene que ganarse la vida programas de semejante pelaje? ¿Es que no tuvimos suficiente con los avisos de Julio Alberto o Maradona? ¿Tendrá que volver Romay a ‘Mira quién baila’ para que se termine la agonía y pueda salir de nuestras vidas de una forma digna? Solo queremos lo mejor para él, para ellos, por lo que desde aquí pedimos, de la forma más enérgica, que sean suspendidos estos programas-humillación que someten a nuestros deportistas a semejantes vejaciones. Y para terminar: Montes, deja de tocarle los cojones a Salinas, que bastante tiene el hombre con lo del Mundial de Estados Unidos como para que ahora vengas tú a preguntarle por las llaves. Métete las putas llaves por el culo cabrón, que así seguro que no las pierdes.



